
El ADN tumoral circulante (ctDNA) ha cambiado las reglas del juego en oncología diagnóstica. Los marcadores tumorales clásicos (PSA, CA 125, ACE) siguen siendo útiles en el seguimiento terapéutico, pero su sensibilidad en el cribado primario es demasiado baja para justificar un uso sistemático. Es en la biopsia líquida donde se concentran los avances más significativos, con implicaciones directas en la atención de los pacientes.
ADN tumoral circulante y biopsia líquida: lo que realmente mide la muestra

La biopsia líquida se basa en la detección de fragmentos de ADN liberados por las células tumorales en la sangre. Estos fragmentos, llamados ctDNA (ADN tumoral circulante), llevan las mutaciones específicas del tumor. Su análisis permite identificar alteraciones genómicas sin recurrir a una biopsia tisular invasiva.
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Se distinguen claramente dos usos. El primero se refiere al seguimiento de un cáncer ya diagnosticado: el ctDNA se utiliza para evaluar la respuesta al tratamiento o para detectar una recaída molecular antes de cualquier manifestación clínica. El segundo, más ambicioso, busca el cribado en personas asintomáticas, a través de las pruebas denominadas MCED (Detección Temprana de Múltiples Cánceres).
Para entender cómo detectar un cáncer con un análisis de sangre, es necesario distinguir estos dos marcos: uno ya está integrado en la práctica clínica, el otro sigue confinado a ensayos.
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Pruebas MCED y cribado de múltiples cánceres: promesas y límites técnicos

Las pruebas MCED analizan los perfiles de metilación del ctDNA para identificar firmas asociadas a una cincuentena de tipos de cáncer. Algunas también son capaces de indicar el tejido de origen probable del tumor. El profesor Fabrice André, de la Sociedad Europea de Oncología Médica (ESMO), estima que estas pruebas podrían ser normalizadas en un plazo de cinco a diez años.
La prudencia sigue siendo necesaria. Estas pruebas no deben ser utilizadas por el momento más que en el marco de ensayos clínicos. Varias razones técnicas explican esta restricción:
- La sensibilidad sigue siendo insuficiente para ciertas localizaciones tumorales, especialmente los cánceres en etapas tempranas que liberan poco ctDNA en la circulación sanguínea
- La tasa de falsos positivos plantea un problema mayor: un resultado positivo desencadena una cascada de exámenes complementarios (imágenes, biopsias) en pacientes que no tienen cáncer
- Algunos cánceres no liberan una cantidad detectable de ADN tumoral en la sangre, lo que genera falsos negativos potencialmente tranquilizadores erróneamente
- Cualquier resultado positivo requiere confirmación por imagen o examen anatomopatológico clásico, ya que la prueba sanguínea nunca es suficiente para realizar un diagnóstico
Para los cánceres difíciles de detectar en etapas tempranas, como el del páncreas, estas pruebas representan, sin embargo, una pista valiosa. Los protocolos de cribado existentes (mamografía para el seno, búsqueda de sangre oculta para el colorrectal) no serán reemplazados, pero potencialmente serán complementados.
Predicción de respuesta al tratamiento: el estudio PARADIGM sobre el cáncer de próstata
El ctDNA permite predecir la eficacia de un tratamiento a partir de seis a doce semanas, mucho antes de los escáneres de control o la dosificación del PSA. Esto es lo que demuestra el estudio británico PARADIGM, realizado en catorce hospitales, en pacientes con cáncer de próstata metastásico.
El principio es directo: se mide el ctDNA antes y durante el tratamiento de primera línea. Cuando el ctDNA se vuelve indetectable bajo tratamiento, la tasa de supervivencia a dos años alcanza el 85 %. En los pacientes donde el ctDNA sigue siendo detectable, esta tasa cae aproximadamente a la mitad.
Este enfoque modifica la temporalidad de la decisión terapéutica. En lugar de esperar varios meses y un escáner para observar una progresión, el oncólogo dispone de una señal molecular temprana que orienta la decisión de continuar o cambiar de línea de tratamiento. El seguimiento medio del estudio supera los tres años, lo que refuerza la solidez de los resultados.
Mutaciones ESR1 y cáncer de mama metastásico: adaptar el tratamiento mediante análisis de sangre
En el cáncer de mama metastásico hormonodependiente, la búsqueda de mutaciones del gen ESR1 mediante biopsia líquida ilustra un uso ya operativo. Estas mutaciones confieren resistencia a los tratamientos con inhibidores de la aromatasa, y su detección en sangre permite adaptar más pronto la estrategia terapéutica.
El interés de este enfoque radica en su repetibilidad. Una biopsia tisular es restrictiva, a veces arriesgada, y solo refleja un punto geográfico del tumor. La muestra de sangre, en cambio, captura la heterogeneidad tumoral: las mutaciones presentes en diferentes localizaciones metastásicas se encuentran en el ctDNA circulante.
Esta aplicación va más allá del simple cribado. El análisis de sangre se convierte en una herramienta de gestión terapéutica en tiempo real, no solo un medio para realizar un diagnóstico inicial.
Marcadores tumorales clásicos en el análisis de sangre: lo que detectan y lo que no
Los marcadores tumorales séricos (PSA, CA 19-9, CA 125, ACE, AFP) siguen presentes en la práctica diaria. Su dosificación se integra en un análisis de sangre orientado por la clínica o el seguimiento post-tratamiento.
- El PSA se utiliza en la vigilancia del cáncer de próstata, pero su especificidad en el cribado primario sigue siendo debatida debido a numerosos falsos positivos relacionados con patologías benignas
- El CA 125 interviene en el seguimiento de los cánceres ováricos, raramente en primera intención diagnóstica
- El ACE se utiliza principalmente en el seguimiento de los cánceres colorrectales bajo tratamiento, no en el cribado
Estos marcadores no son pruebas de cribado autónomas. Un aumento aislado de un marcador tumoral sin contexto clínico no tiene un valor diagnóstico fiable. Es su cinética (evolución en el tiempo) la que aporta información útil, especialmente para detectar una recaída.
El hemograma (NFS) a veces revela anomalías evocadoras de hemopatías malignas (leucemias, linfomas), pero aquí también, ningún resultado de análisis de sangre por sí solo establece un diagnóstico de cáncer. El examen anatomopatológico sigue siendo la referencia.
La convergencia entre marcadores clásicos, biopsia líquida e imágenes dibuja un recorrido diagnóstico cada vez más estratificado. La muestra de sangre nunca ha tenido tanto peso en las decisiones oncológicas, siempre que se respeten los límites de cada herramienta y no se confunda la señal molecular con un diagnóstico confirmado.